Arcilla
lunes, noviembre 17, 2003
 
Seminario sobre crítica de arte
Estoy tomando un seminario sobre crítica de arte, en la Escuela de Artes de la UAEM, con Luis Rius Caso, el novio de Coral. Hasta ahora, esto es lo que he aprendido:

- La globalización como forma de legitimación del arte contemporáneo de la periferia (nadie es profeta en su tierra: nuestros artistas triunfan primero en el extranjero y luego aquí).
- El público como forma de legitimación del arte.
- El museo como espacio de legitimación.
- La curaduría/crítica como labor de legitimación.
- Elementos externos a la obra (currículum del creador, lugar de exposición, etc.) como factores de legitimación.
- La "actualidad" como criterio de legitimación.

Tiene razón Teresa del Conde: "hay jerarquías en las artes y las seguirá habiendo". Sólo que los términos se han invertido. Ahora los "medios alternativos" (arte electrónico, performance, instalación, arte objeto, etc.) son mainstream, y los "medios tradicionales" (pintura, escultura, etc.) son anacrónicos.

El arte contemporáneo no es el espacio de total libertad que pretende ser. No cabe en él todo.

Coincido que el arte debe desaparecer, debe morir, para sobrevivir. Hay que acabar con el aura artística del arte.
jueves, noviembre 13, 2003
 
Algunas consideraciones...
... nacidas de mi última sesión del taller de poesía:

- Siempre se es artista. Siempre se está haciendo arte: cuando se duerme, cuando se come, cuando se hace nada, todo el tiempo, no sólo cuando se pinta o se escribe. Ser artista es una forma de existir, una naturaleza.

- En la tierra de los ciegos, el artista es quien ve, y debe describirle el mundo a los demás. Pero sólo puede hacerlo con mentiras -metáforas, imágenes-, porque el mundo es inexpresable, inefable. El artista crea cielos de mampostería, da cuerda a los animalitos mecánicos de las emociones, pule los duros cuarzos del pensamiento... (re)crea el mundo.
Está bien: el artista crea mentiras, pero son mentiras verdaderas. Él puede engañar a los demás, pero no debe engañarse a sí mismo, no debe enceguecerse también.

- Que nuestros referentes sean otros libros, otras obras, no está mal, es posmoderno. Ya el Eclesiastés dice: "No hay nada nuevo bajo el sol" Y eso hace más de dos mil años. ¿Qué puede quedarnos? Sólo el reciclaje, el collage, que no es lo mismo que plagiar.
Es a lo que se refiere Roland Barthes: el texto es un constructo cultural, una colección de citas provenientes de diversos núcleos culturales. Quien niega esto, se da mucha importancia como autor. Y en el arte, el autor carece de toda importancia.

- Ser artista es ser un proceso. Tomar mis sentimientos, emociones, ideas, sensaciones, visiones, como materia prima para crear obras de arte. Es inhumano y agotador.
Para ello, es indispensable, como dijo Rimbaud, ser otro. Y no es necesario probar todos los venenos, pues hasta una gota de agua puede matarnos.

- La poesía no es sólo sentimiento, también es pensamiento. Es lenguaje-pensamiento. Una verticalidad.
Teorizar cabe en el poema. Los poetas empiezan a hablar donde los filósofos callan, me lo dijo Coral.

- La poesía no pretende comunicar, si fuera así, en El Sueño, de Sor Juana, "Piramidal, funesta, de la tierra nacida sombra," etc., podría reducirse a "anochece".
Sin embargo, la poesía comunica y, si lo hace, debe hacerlo bien.

- La función del arte no es ser bonito, no es agradar, no es hacer sentir bien. En él cabe lo obsceno, lo abyecto, lo monstruoso.
Marilyn Manson: "El arte es malvado por naturaleza porque reta el status quo".

- Creo que a través del arte, entre otras cosas, tenemos atisbos de Dios, el Universo, la Sombra o como queramos llamarle a eso inefable que también somos nosotros. Por eso es una labor muy seria. Pero tampoco debe tomarse muy en serio, porque es NADA.
miércoles, noviembre 12, 2003
 
Arcilla (poemario)
a Magda Rocío Aparicio

¡Ay de todos nosotros! Y de todos aquellos que recorran el mundo en los días próximos. Pues tal es el orden de las cosas: encontrar y perder, como le parece a aquel que navega siguiendo el curso de las aguas. Pero te considero una criatura feliz. Gimli hijo de Glóin, pues tú mismo has decidido sufrir esa pérdida, ya que hubieras podido elegir de otro modo. Pero no has olvidado a tus compañeros, y como última recompensa el recuerdo de Lothlórien no se te borrará del corazón, y será siempre claro y sin mancha, y nunca empalidecerá ni se echará a perder.
-Quizá- dijo Gimli- y gracias por tus palabras. Palabras verdaderas sin duda, pero esos consuelos no me reconfortan. Lo que el corazón desea no son recuerdos. Eso es sólo un espejo, aunque sea tan claro como Kheled-zâram. O al menos eso es lo que dice el corazón de Gimli el Enano. Quizá los elfos vean las cosas de otro modo.
J. R. R. Tolkien, El señor de los anillos.

XII El Colgado

a mi amiga Xóchitl Velázquez

El alba me encontró
con las manos vacías.

Está bien.
Aquí no hay nadie.
Completamente solo,
está bien.

Busco la sombra
para descansar en ella,
las patas ganchudas
aferradas al borde
de la indiferencia.

Y el alba me hallará
de nuevo
con las manos vacías.

Potro

Conozco la crueldad
en todas sus variantes;
cómo se retuerce
un corazón y se abandona.
Mi carne sabe
el sabor del fuego.
¿No ves tantas cicatrices?
Amores pasados
escribieron mi cuerpo.
Sin embargo, aún espero.
Y cuando vienes,
oculto tras tu sonrisa,
y cuando no,
de aquí no me voy,
no me muevo.

Cornezuelo

a Rodrigo García

I

Misshaped

La multitud se agolpa fuera del muro.
La carpa se levanta en la estepa del alma.
Hedores, sudor, humo,
cabalgan el aire animal,
manchan el sol ocre.

En un globo de vidrio,
bajo una luz quirúrgica,
los pies atados
y un corsé yeso.

Los huesos ceden
bajo dedos químicos.

El amor de los hombres
apaga los cielos en tus ojos.

II

Fin de semana

Noche animal.

Calientes manos
ciegas de un cuerpo presentido,
me galopan furiosas la curva de la espalda,
obstinadas buscan ser nido de mi sexo.
Aves rapaces en celo, picotean, desgarran, penetran.
La carne cede bajo su peso embrujado.

Estoy a punto de asesinar al secreto en el asalto.

El momento de la entrega arde en una llamarada sanguinolenta.

III

La pesadilla del cornezuelo

La culpa es mía.

Una angustia ciega y repentina,
bajo velos morados,
escarba
estos muros picados de viruela,
aquí en mi boca amarga,
recinto de astillada moral,
arrastro penosamente este madero
al que mi rostro está sujeto
con clavos en los ojos,
un cuchillo hiende mi lengua,
la bifurca,
por eso
todas mis palabras yacen muertas,
por eso soy nadie,
soy nada.

Esta es la pesadilla del cornezuelo.

Sacrificio

a Coral Herrera

Un loto rojo se abre en un cuenco de sangre
Sylvia Plath, Tres mujeres.

I

Estoy maduro para el sacrificio.

Dentro de mí escucho una voz de caracolas
que dormía.

Y vengo aquí a enfrentar mi destino,
a entregarme bajo sus ojos atónitos
ante el sacrificio que ellos no comprenden.

Puedo ser la piedra más preciada
o la más extraña mariposa
y abandonarme al goce mortal del alfiler
para deleite del coleccionista.

II

Vengo aquí con mi verdad a cuestas.

Tengo un destino
monstruoso como mi alma.

La virginidad es un estado mental
y yo soy puro.

Aunque he probado placeres carnívoros,
ahora vengo a entregarme bajo sus ruedas dentadas,
redimido por mi propia inmolación.

Mi único pecado ha sido amar.
Por eso traicioné. Y amo:
ésta es mi carne hecha palabra.

Un niño muy pequeño señala
el horizonte a través de mi pecho.

Siempre he sido transparente.

Sólo no ha visto quien no ha querido ver.

III

Un caudaloso río de sangre
corre a través de mis días,
arrasándolo todo.

Poco a poco me va secando,
porque nadie puede contener este amor.

Autorretrato

Nací bajo una estrella desvelada,
un ojo abierto
a los cuatro cuadrantes de la luz,
ungido con un óleo de vigilia.
Nací con el mundo ya viejo,
danzando sus ritmos decadentes
en la orgía.

Nací de un rosario de sangre,
de avemarías duras
y blandos padrenuestros,
que me heredaron el corazón como una casa abierta
de vientos cruzados.

Recuerdo las nudosas oscuras raíces en la nieve,
los dedos de mi abuela aferrándose a la vida,
alargándose desde el fondo de su calavera.
Yo soy mi abuela. Busco mi nombre en su alfabeto.

Ahí me enseñaste a leer,
dibujando en el aire la palabra
ausencia.
Escribí cada día un nombre nuevo,
evanescente.

Ningún rostro, en ninguno de ellos me encontré.
Todos eran tan brutales
y hermosos, aquellos terribles dioses.
Su acero hirió mi arcilla.
Engranes, pistones, agujas
y esferas ascendiendo.
Nada invento.
No recrimino. Cada quien jugó su papel.
Es la ley.

Tus manos modelaron mi cuerpo,
húmedo,
hendido de la frente al sexo.
Me diste peso y medida.
Giro alrededor de un agujero negro.

Me da miedo mi cuerpo
cuando rechina los dientes,
y todo aquello que me habita,
alarga la mano como un pordiosero.
Y cuando luego cae vuelto un montón de arena.
Entonces dejo de existir.

Ardo como un remordimiento,
cigarro entre tus dedos,
robándole luz a la sombra.

Pero tengo un nombre de pie
que es sólo mío.
Soy abstracto como el álgebra.
Soy el número cero.
Cortes de papel en la mente.

¿Por qué es carne mi arcilla?
¿Por qué sangra?
Yo soy bueno. Soy inocente.
Incapaz de lastimar a nadie.

Pide carne la carne.

No soy mi cuerpo. Soy algo más,
algo menos,
que puede sentir odio,
soledad,
desesperación.

Soy ridículo infinitamente
cuando lloro por todo
y me enternezco, molusco desvalvado.
Hermano.

Háblame. ¿Qué hay detrás
de mi nombre,
de todo esto?

Soy una catedral.
Puede asustarte
el eco de tus pasos en mi adentro,
el vértigo de los espacios sin medida.
¿Quién asoma sobre el brocal?
¿Quién salta el dique?
No he terminado mi mapa.
Cada día un nuevo espejo.

¿Cómo puede caber tanta nada
en este cuerpo
tan flaco?
¡Qué desesperanza esperanzada!
¡Qué pesadumbre dichosa!

He dicho nada.
Permanezco
un signo de interrogación.

Cuento

a N. R. S.

I

La llave de tu imagen
abrió la cerradura del ojo.

Se supo,
ocurrió lo de siempre:
un esclavo encontró nuevo amo.

II

Una regla sin sangre
mide pulsos.

¿Te amo? ¿No te amo?

Arroja otra moneda de oro
a la máquina de gritos.

III

Una torre sin habla
alambica deseo.

Láctea.

De sueños

insomne.

IV

No tengo por qué quererte.

Divide mis entrañas,
quiebra mis venas.

No te quiero.

No era eso
cuando te era útil.

No te quiero.

Mi corazón canino
lame tu desprecio.

No te quiero.

V

Maldito.

Por amarte.

Por gustar las curvas rectas.

Cuatro letras tatuadas en la frente:

PUTO.

Maldito.

VI

Para ti
un espacio transparente,
un sitio en la luz,
entre los hombres
que miran de frente
y escupen.

Para mí
oscuridad,
polvo,
vergüenza.

Para ti
una buena esposa
e hijos
y mañana.

Para mí,
sólo hoy,
silencio
y nada.

Mensaje

a Carlos Garduño

Tu pecho herido
por una onda en el agua,
ceba oscuridad erial.

Corazón autárquico,
vierte en mi oído anfibio
el llanto que te ahoga.

Al final del laberinto
hay una luz. A ella,
en esta nueva parábola,

guíame, ciego. Y será
realizado lo imposible:
sumarán uno, dos ceros.

Vida

a Roberto Calderón

Se encorva,
flor bajo el peso de los días,
rostros,
pieles,
la vida, esa puta
-al decir esto, debería mudar el ser:
ahora me nombro Todo,
ahora me nombro Nada.

Se doblega
bajo el peso de los días,
rostros,
pieles,
y me duele en el costado,
me duele como yo mismo
-me nombro Tú,
me llamo Duele.

Y dice:
-No debería contarte esto-.
Y dice:
-Sin dolor no hay creación-.
Mezquinos, acaparamos todo;
un día
nos descubrimos con las manos vacías
y vacíos
de nosotros
-ahora me llamo Nada, Muerte.

Pero la muerte no es
para los muertos.

Y la vida
-que quisiéramos blanda,
es decir, castrada,
privada de vida-,
nos doblega bajo el peso de los días,
rostros,
pieles.

Entonces quiero decirle:
-estoy aquí,
dos orejas,
un corazón abierto-,
y compartir la carga,
poner algo sobre mi hombro
y decir:
-me llamo Nosotros.

Hija de Lot

Regreso, Lot, esperanza perdida,
para incestar contigo.

Un amor maculado.

Caminé mucho, mucho, tanto,
para encontrar el paraíso en ruinas.

La tierra es la misma en todas partes
y el cielo, la manta que nos cubre.

Un amor abatido.

Y eres tú en todos
y en todos los lugares
y en todo momento.

Toulouse
07-07-02


Tú y yo

Aquí tú y yo,
ahora, frente a frente,
de por medio
la mesa de café,
tablero de ajedrez,
campo de batalla.

Cada uno planea su estrategia.
Hoy sí lo haremos,
hoy alcanzaremos ese nervio del otro,
ese nudo en el otro,
antes que lo desate la muerte,
arrebatándonos.

Alargamos monólogos.
El diálogo se resiste.
Los monólogos estallan,
al calor de los egos,
en puñetazos de saliva.

¿Quién mueve el primer peón?,
quién abre fuego?; nada importa.
Las palabras hieren.
Bajas incontables en ambos frentes,
hasta que alguien ondea la bandera blanca,
capitula y se yergue la opinión del otro
triunfante en el silencio.

¿Qué se gana?
¿Qué se pierde?

¿La victoria?, no la quiero
si tu sangre es tributo de armisticio.
¿Cómo querer tu derrota,
si hasta el último de tus peones
es mi soberano?
No es triunfo vencer al amado.

Yo me rindo.
Escucho. Callo.

De la carne

¡De qué deslumbramiento áfono, tinto,
se ejecuta el cantar de los cantares!
César Vallejo, Un hombre está mirando a una mujer…

I

Tu cuerpo

La luz que te devela,
te divide, te separa del resto.

Concreto, puedo aventurar
el aprehenderte, el poseerte.

Tu lomo desciende como desciende el día,
de la llama a la sombra.

Tus dos pies dibujan alas,
aferrándose al polvo.

Tu sexo. Sexo, sexo, sexo.
El intruso en mi cuerpo.

La vegetación que crece
de tu vientre a tu pecho.

Y los brazos, las axilas,
la mirada y el resto.

Entre tu cuerpo y yo,
yo pongo una palabra.

Que este pequeño muro me guarde
del brillo de tu rostro, de tu aliento.

II

Nuestros cuerpos

Tu desnudez derriba la muralla.

Tiemblo ante el tacto de esta vida.

No es sino ella.

Y me faltan palabras.

Y yo soy tan responsable.

Por favor, no abandones nunca tu extrañeza.

III

Mi cuerpo

Un grito cóncavo.

Apenas un rasgo negro sobre blanco.

Henchido, desbordante de ausencia.

Pequeña letanía

Eres un arcoiris azulblanco.
Eres flor que florece para nadie.
Eres agua soñando hielo.

Haces de mí lo que quieres.

Eres una fotografía desmemoriada.
Eres un dado sin rostro, una carta
Autista, un espejo ciego.

Haces de mí lo que quieres.

Eres el sexo de los ángeles,
la noche del insomne, un puente
tendido hacia la nada.

Haces de mí lo que quieres.

Confesión

a Vianney Maya

Todo lo que llega hasta la conciencia es justo.
Oscar Wilde, De Profundis.

I

1

... y después de todo,
a pesar de todo,
te encuentras solo.

-“¿Te das cuenta de que dormiste solo?”

El espejo te devuelve la imagen del lobo
-¡a ti, que te creías cordero!

Tienes miedo
si te entregas
a los belfos retraídos,
duros relámpagos,
las patas embarradas
de garras curvas
que devoran por millas
los páramos de tu alma.

Y si no...

2

Afirmé emprender el estudio del espíritu
para eludir a la carne,
abolir la prisión de este cuerpo.

Y he aquí que el Ángel del Señor,
de pie sobre mi cama,
con un dedo señala mi muerte,
y señala esto, el mundo,
la carne abandonada a su deleite,
su éxtasis putrefacto
en la gracia infantil descerebrada,
tintos en sangre,
jirones del alma.

El Ángel me devuelve al dolor
de mis dos alas cortadas,
me restituye al miedo.

3

¿Quién grita tu nombre y te despierta?

¿Quién es el ángel que siembra el miedo
y atenaza tu garganta con la angustia?

Es Deseo,

quien ahonda y ahonda tu pecho,
porque amar es demasía,
y ser amado, nunca suficiente.

Siendo realistas, ¿qué tiene que ver el amor en esto?

Sin embargo, basta tan poco,
¿recuerdas?, Ángel de Dios si sonríe,
Dios si llorara.

Y poco a poco te me vas volviendo indispensable.

Atas mis venas
al hueco de tu ausencia,
hasta que el aire es el aire sin ti,
y las tardes, las tardes sin ti,
y el mundo, el mundo sin ti,
todo hueco y vacío.
Y el corazón necesita tu voz para mantener su ritmo,
porque nada más puede tener sentido.

4

Si lo pensamos bien,
vivir es tan sencillo,
simple como respirar.

Tan sólo bastaría cortar la vieja lengua del sacerdote
sobre el altar de mi sangre
y abandonar el mundo de máscaras y apariencias.
Liberado, entregarme a la infantil locura.

Pero no. Hoy no.
Espero.

II

Soy la mierda de Dios.
Diamanda Galás, Sono L’Antichristo.

1

Intenté poseer la dicha.
Creí que me sería posible.

Me presenté en el banquete sin ser invitado
y ocupé un sitio que no era el mío.
Ahí me abandoné a un éxtasis licántropo.
Ahí la carne sangrando su inocencia,
fue cómplice en la entrega,
mas no por eso me eximió de la culpa.

Siete veces traidor.

Siete veces maldito.

¿Bajo qué hechizo me entregué a este crimen?

2

¿Por qué me ocupó de la forma cuando me está llevando el diablo,
es decir, esta desazón,
este no tener,
este tener siempre nada
e irse e irse siempre hacia ninguna parte?

¿Qué saben de esto las letras pequeñas y nerviosas?

Tan exiliado de mí,
como si la vida me fuera ajena
-¿es ésta una figura poética aceptable?-,
busco el artículo, el adjetivo neutro
que no me comprometa.

¿Para qué? ¿Para qué?
¿Para qué buscar coherencia en esta locura?

III

Apreciemos sin vértigo la extensión de mi inocencia.
Arthur Rimbaud, Mala sangre.

¿Quién arroja puños de sal sobre mis pasos?

No tengo enemigos en el mundo.
La jaula que me aprisiona está en mi pecho.

Mas si el amor es la llave de la gracia,
todo me será perdonado.

Me marcharé sin dejar corazones rotos,
llevándome uno solo:

un tintineo de vidrios en mi pecho.

Judas

Todos somos aquí mártires
y verdugos. ¿Quién puede soportar el peso
del otro, su estatura, su silencio?

Tendidos aquí, uno junto al otro, nos anida
la vergüenza, pronta a estallar.
Orfandades. Viudedades. Soltería contigo.

Voy a fumar un cigarrito, cargado como estoy
de la pólvora de tus huesos.

Soy mala compañía. Estoy húmedo.
No ardo como es debido.

Comunión

a Rodrigo García

A friend in need is a friend in need.
Placebo, Pure morning.

Qué fácil es dispensar el corazón mendrugo.

Un amigo...

La luz no es tan intensa que pueda silenciar la desnudez.

Un amigo...

Peces abismales beben la orfandad de los vasos.

Un amigo...

Cuerpos que se pueblan de signos sin lector.

Un amigo...

Claridad que gime por ojos ausentes.

Un amigo...

Torsos erosionados en ausencia del sueño.

Un amigo...

Escucha: tengo miedo.

Un amigo en la necesidad es siempre un amigo verdadero.

Acción de gracias

Tras este laberinto de símbolos y cábalas
donde me hallo perdido,
hay algo.
Mejor: hay nada,
porque ese algo es Negación.

Si pudiera apresarte, sería yo cierto.
Tomadas las cuatro puntas de la realidad,
podría dar cuenta de mí mismo,
al menos, darme cuenta.

Mas para mantenernos puros nuestros dioses deben permanecer distantes.

Como tú,
de pie al centro del laberinto, con un dedo señalando la Nada.

XII El Colgado

a mi amiga Xóchitl Velázquez

El alba me encontró
con las manos vacías.

Está bien.
Aquí no hay nadie.
Completamente solo,
está bien.

Busco la sombra
para descansar en ella,
las patas ganchudas
aferradas al borde
de la indiferencia.

Y el alba me hallará
de nuevo
con las manos vacías.

A manera de epodo...

Ana

a Ana Rosa Ávila

en todo caso diremos con orgullo:
se parece al amor.
W. H. Auden, La ley se parece al amor.

Amor Amor Amor ¿Qué boca
me dicta esta palabra?

Tan pequeña Tan simple Tan insignificante
Como mi nombre
tiene cuatro letras
Dos veces dos siempre dos

Pero ese vértice y todas esas curvas
Parece peligroso Debe ser una trampa
As de picas hambriento
La boca diminuta en un grito permanente
¡A-More! ¡More! ¡More! ¡More!

Oscuridades de pie sosteniendo luciérnagas

En el sitio de la sombra
mi sangre se arremolina
alrededor de un agujero negro
tu presente ausencia

Perturbado por una gota de agua
Con dos te mido
Tu sonrisa fantasma enluta galaxias
¡Cataclismo! Un nuevo sol enfila hacia mi centro
Con tres te ato
La columna de luz se nos ha vuelto sombra

Tendidos aquí uno junto al otro
uno sin el otro mirando cada uno
en lontananza la azul extranjería
creyéndonos juntos contándonos el cuento

Las flores envejecen en la luz

Un pensamiento es una mancha blanca

Vestida aún de fiesta mi juventud acosada
por esta mano que remueve mis entrañas
No basta desamarrar las venas
y reptar al otro lado de la noche
porque él es tu condena él tu destino
él que está en todas partes
y tu labrado de esta nada girando
girando alrededor de él
el agujero negro
fantasma
lo necesitas su soga atada a tu cintura
para no perder el rumbo
tu centro

Porque no busco el ocaso ni el olvido
sino una mañana iluminada
en esta eternidad demente

Hermano si pudieses extinguir
mis temores y estremecimientos
podríamos intentarlo
martes, noviembre 11, 2003
 
Nuestra canción de cuna
No éramos vírgenes lalalá lalalá
traías en el cabello la sal de otras historias y en la piel
las señas de otros dedos
yo sobre los párpados la pesadumbre del abismo
Mi cuerpo el sitio de la ley
prohibiciones cíclopes obligándome a adelgazar y ascender hasta un puro grito
inflamado en el vacío

Una noche cabrona me montó el deseo
fluyendo de tus dedos en la oscuridad hacia mi cuerpo
corriente alterna contra mi reticencia
fiebre derribo laceraciones marmóreas en lo sangrante
tralalá tralalá
Mis sentimientos se arraciman
luego querellas rotas contra tu acero
y mi súplica perra mi desgranar de pestañas
mendicantes espigando las astillas de tu risa
Tu retirada al callar de los arcanos yo el colgado
pendiente de mi desolación
atado a la columna de mis culpas
tú mi Sebastián por saetas invisibles sangrando
aguarrás sobre mi insomnio de incendio remordimiento
tralalá lalalá

Dices que las disculpas no funcionan conmigo y otra vez el dédalo de pronombres
espejos
nosotros prisioneros en las pupilas del gato que soy
ovillándome a tus pies maullando mis requiebros
esfinge de ojos hambrientos perro
me abismo sobre el caldero para aprehender el pez la palabra precisa
que selle el pacto de tus labios tralalá tralalá
En el útero sonoro tu mano pulsa las cuerdas de mis miembros me articula
hago el amor con tu aroma
contra la mansedumbre de las sábanas

Después la ausencia de dios el exilio en Babilonia donde la noche
en manos de los niños es un juguete roto la vida latiendo
una rana diminuta tralalá lalalá
sonrisas tremolantes decapitan el trigo imberbe de mi vientre
ternuras de cometa caridad de nieve
indolente te peinas los largos cabellos donde se desenreda mi esperanza
tralalá lalalá

Ay mi clavo del gozo ídolo hermético equívoco
presente irredimible verbena
yo la sabia del desmemoriado espejo
sin pasaporte el regocijo autista mi salvoconducto
Ay yo tu puta mi carne en las aras de tus dientes de asfalto
en la boca del tigre yo el sacrificio
de Caín abandonado en tu limbo
Sísifo empujando la comedia de mi carne tralalá para dormir al minotauro
tralalá para torear la llama tralalá
tralalá lalalá
martes, noviembre 04, 2003
 
Ahora estamos entelarañados en el mismo sitio y nada sabemos. Los arcanos callan en sus laberintos y tú también guardas silencio, volviendo la mirada hacia el secreto que no logro descifrar a pesar de mi empeño, de mis malas y buenas artes.

Éste, el mío, es un amor de incesto entre Abel y Caín. Éste es un bebé egoísta, pero es mío.

Me gustaría renacer en otra forma tal que me amaras, me gustaría ser de otra forma tal que me amaras. Pero soy quien soy, y no me amas. ¿No me amas?

Me gustaría embrujarte para que me amaras. Me gustaría atarte con las palabras de mis ensalmos.

Me gustaría mostrarte que no hay nada, nada existe salvo esta voluntad de desperdicio.

Me gustaría enseñarte el juego de las palabras. Me gustaría hundirte en el dédalo de mis pensamientos. Ya lo he dicho, éste es un bebé egoísta.

Pero te amo en esta voluntad de desperdicio.

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