Arcilla
miércoles, agosto 27, 2003
 
¿Arcilla?
Empezaré este weblog explicando el por qué de su título.

Arcilla es una palabra sonora.

La arcilla es un material muy común, simple, humilde, no tiene las pretensiones del mármol, del bronce, de las piedras y los metales preciosos. Además es frágil, perecedero.

La arcilla me remite al cuerpo, a la carne.

El viernes pasado asistí a la inauguración de una exposición en la Escuela de Artes Plásticas de la UAEM. Se presentaron dos video-instalaciones de la pareja leonardogillesfleur –Leonardo Giacomuzzo y Gilles-Fleur Boutry. Una, llamada Recollection, es una columna blanca con cinco pantallas blancas. En el video, el cuerpo de él resbala lentamente dejando tras de sí una huella húmeda. Una vez que el cuerpo ha pasado y la huella se ha evaporado, todo comienza de nuevo.

Relato lo anterior porque ilustra mi idea del arte en este momento, misma que está relacionada con el concepto de arcilla:

Veo al arte como una escritura efímera. Quien hace arte como un modo de permanencia, se engaña, porque lo que subsiste, por un tiempo que no es eterno pero que bien puede ser más allá de la muerte, es la obra autónoma, no él.

Aunque sé plenamente que en esto no valen definiciones, considero que el acto artístico es la relación entre el objeto artístico y el receptor, relación en que ambos participantes son transformados. El único papel del artista es lograr que el objeto funcione adecuadamente, que cumpla su papel como objeto artístico. Es decir, después del acto de la creación, una vez la obra está hecha, es, el trabajo del artista ha terminado, y no puede reclamar la obra como suya.

Sin embargo, también miro al arte como una escritura del cuerpo, estrechamente imbricada con el tejido de la vida.

Crear arte desde mi cuerpo, es decir, desde mi aquí y mi ahora.

Ser artista no es meramente un trabajo, sino una forma de existencia, que implica sensibilidad, descontento, imaginación y compromiso.

¿Por qué hago arte? Porque hago arte, porque no puedo no, como dice Marina Tsvietaeva. Es una tautología.

No para encontrar las respuestas, sino para plantear las preguntas. No para escapar del sinsentido de la existencia, sino para tomarlo por los cuernos, al centro del ruedo. No para la eternidad, sino por lo efímero.

Este tierno amor de la desesperanza.

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